La persona en edad embrionaria

Ángel Rodríguez Guerro

Resumen


El embrión puede ser mirado como pura “cantidad” de células o como paciente, individuo, ser humano, persona. Esta distinta perspectiva cambia totalmente la manera de tratar al embrión (o al feto), su valor, su dignidad. Se trata de temas que dan origen a complejas polémicas antropológicas, éticas y biopolíticas. Al origen de estos debates, el autor pone el “reductivismo materialista” que cada vez más invade la ciencia y la técnica.
Que el embrión sea más que pura cantidad de células e informaciones objetivas del ADN se destaca de fenómenos biológicos como la coordinación y la continuidad del crecimiento, la autonomía y la relación con la madre, las maneras personalizadas para dirigir, reprogramar e interpretar la información genética. Pero, sobre todo, el conocimiento de quién es el embrión viene cuando se mira en un horizonte metafísico de la realidad. Aquí, a la luz de que es el espíritu, de una relación “increada” con el Creador se puede dar el justo valor humano al embrión y no reducirlo a puras prestaciones mentales o desarrollo físico.

Palabras clave


embrión; presingamia; continuidad; individualidad; persona

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Referencias


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Medina L., óp. cit., pág. 86.

Cf. Jonas H. Dalla fede antica all’uomo tecnologico. Ed. Il Mulino, Bologna, 1991, pág. 262-263. En Identità e statuto dell’embrione umano, óp. cit., pág. 86.

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Ver Nardi E. Procurato aborto nel mondo greco-romano, Giuffrè, Milano, 1971.

Cf. La República 4 460-1.

Cf. Política, 7. Hipócrates en el Juramento dice: Nunca sugeriré a una mujer prescripciones que puedan hacerla abortar”. En Documenti di deontologia ed etica medica, Spinsanti S., ed. Paoline, Milano, 1985, pág. 19, y Rodríguez Guerro A. La persona humana frente al dolor, la vejez y la muerte, óp. cit., pág. 75-76.

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El cigoto está formado por una célula única provista de una copia maestra de genes, los cuales además de su capacidad de replicación son capaces de controlar, en interacción con moléculas reguladoras presentes en el citoplasma del cigoto, la formación del cuerpo a través de la generación de proteínas, las cuales no solamente forman parte de la estructura del cuerpo sino que además controlan el cómo y el dónde ocurren los procesos químicos dentro de las células del organismo. Sin embargo, hay que tener en cuenta que la fecundación es un proceso, no un instante, que dura de 18 a 24 horas. Después de la unión del espermatozoide y el ovocito se genera el cigoto con la formación de los pronúcleos masculino y femenino, que poseen los complementos cromosómicos respectivos que juntos restauran el número diploide de cromosomas que hace del cigoto una célula con toda la información para formar un ser humano.

Vial Correa J. de D., ibíd., pág. 16.

Serra A. y Colombo R. Identità e statuto dell’embrione umano: il contributo della biologia. En Identità e statuto dell’embrione umano, óp. cit., pág. 119.

Polanyi A. Life’s irreducible structure. Science 1968, 160: 1308-1312. 17 Vial Correa J. de D., óp. cit., pág. 17. 18 Ibíd.

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Ibíd., pág. 18. Ver Serra A. y Colombo R., en óp. cit., pág. 127-133. Ver también Serra

Ibíd., pág. 18.

Ver Rodríguez Guerro A. y Rodríguez yunta E. Antropología y cultura médica contemporánea. El estatuto del preembrión en perspectiva biológica, óp. cit., pág. 251-282.

Cf. Palazzani L. Il concetto di persona tra bioetica e diritto. Ed. G. Giappichelli, Torino, 1996, pág. 41.

Ibíd., pág. 43. “Va dicho que en la literatura en general (y también en la literatura científica) no hay acuerdo sobre el modo de entender la singamia: para algunos esta coincide con la alineación de los cromosomas, para otros cuando inicia y termina la fusión del material genético y para otros cuando tiene inicio la división mitótica”.

Cf. ibíd., pág. 44. Ver también Rodríguez yunta E. El estatuto del preembrión humano. En Ars Medica, vol. 1, Nº 1, Pontificia Universidad Católica de Chile, pág. 98-108.

Palazzani L., óp. cit., pág. 44-45.

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Dunstan G.R. The ethical dilemmas, en Commonwealth of Australia, Senate selec Committee on the Human Embryo Experimentation Bill 1985 (official Hansard Report), Commonwealth Government Printer, Canberra 1986, pág. 635. Las palabras de Dunstan son las siguientes: “if conception is a process, not an event (…) then one cannot assume the existence of an individual, a human identity, at this stage”. Citado por Palazzani L., óp. cit., pág. 44-45.

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Ibíd., pág. 218-219.

Ver Bedate C.A. y Cefalo R.C. “The Zygote: To Be or not Be a Person”. Journal of Medicine and Philosophy, Nº 14, 1989, pág. 641-645.

Palazzani L., óp. cit., pág. 45.

Serra A. Per un’analisi integrata dello “status” dell’embrione umano, en Biolo S. pág. 59 y ss., y “Va resaltado que la expresión, frecuentemente presente en la literatura, “fusión” genética de los pronúcleos es referida impropiamente a la “fertilización”. Desde el punto de vista científico es más correcto decir “puesta en común” del respectivo material genético de los gametos humanos, de “alineación” y “distribución” del patrimonio genético, o también de “mescolanza”. y Serra A. Quando è iniziata la vita umana?, La Civiltà Cattolica, 4, 1989, pág. 575-585.

Palazzani L., óp. cit., pág. 48.

Cf. Palazzani L., ibíd., pág. 54.

Abel F., ibíd., pág. 42, cit. por Palazzani L.

Malherbe J.F. L’embryon est-il une personne humaine? Lumière et Vie, 172 (34), 1985, pág. 8.

Prini P. Le ragioni della bioética en Biolo S., pág. 19-35.

Rodríguez Guerro A. y Rodríguez yunta E. Antropología y cultura médica contemporánea, óp. cit., pág. 253; Bedate C.A. y Cefalo R.C., óp. cit., pág. 641-645. “Las células del embrión humano tienen el potencial de desarrollarse para formar los diferentes tejidos del cuerpo, como ocurre con otros organismos. A este fenómeno se le denomina “pluripotencialidad”. En 1998 se comenzó una nueva etapa en la investigación de las llamadas “células madre” humanas, también llamadas troncales o progenitoras (stem cells) al conseguirse por primera vez que células humanas derivadas de blastocistos producidos por fecundación in vitro y donados para la investigación fueran cultivadas con la habilidad de diferenciarse en todos los tejidos del cuerpo. Al mismo tiempo se consiguió cultivar líneas celulares derivadas de células primordiales germinales de fetos abortados. La preparación de células madre embrionarias requiere: 1. La producción de embriones humanos y/o la utilización de embriones sobrantes por los procesos de fecundación in vitro. 2. Su desarrollo hasta la fase de blastocisto (5 días). 3) La extracción de la masa celular interna que implica la destrucción del embrión como ser humano, ya que se le priva de su estructura de soporte; de ser embrión pasa a ser un conjunto de células desprovistas de la conexión interna que las unifica como individuo. 4. El cultivo de dichas células en un

estrato de fibroblastos de ratón irradiado (feeder) para que se multipliquen y formen colonias llamadas embrioides (embryoid bodies) y de estas formar líneas celulares capaces de multiplicarse indefinidamente conservando las características de células madre durante meses y hasta años. Se les denomina células madre porque son capaces de generar distintas estirpes celulares. El caso es que no solamente hay células madre embrionarias, también las hay en el adulto. Estas son capaces de generar distintas estirpes celulares de su propio tejido y también células de otros tejidos, pero no de todos los tejidos del cuerpo. Se está investigando el reactivar el programa genético de estas células para que sean capaces de originar todos los linajes celulares posibles.

Gracia D. Ética de los confines de la vida. Ed. El Búho Ltda., 1996, pág. 116.

Serra A. Per un’analisi integrata dello “status” dell’embrione umano…, óp. cit., pág. 84.

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Cf. Coughlan M.J. The Vatican, The Embryo and the Law (Iowa City: University of Iowa Press, 1990, pág. 58-77; y Bioethics, 2, 1988, pág. 294-316. Ver Rodríguez Guerro A. y Rodríguez yunta E. Dependencia genética, en Antropología y cultura médica contemporánea, óp. cit., pág. 252-253.

Ver Emery A. E. H. Elements of Medical Genetics (New york: Churchill Livingstone, 1983, pág. 103.

Ver Dawson K. Embryo Experimentation (New york: Cambridge University Press, 1990), pág. 58; y Moore K. L. The Developing Human (Philadelphia: W. B. Saunders Co., 1982), pág. 133.

Rodríguez yunta, E. El estatuto del preembrión, una perspectiva biológica, óp. cit., pág. 100-101.

Singer, P. Etica prattica, Ed. Liguori, Napoli, 1989.

Ibíd., pág. 23 (cf. Id., Practical ethics, pág. 12).

Ibíd., pág. 24 y (cf. ibíd., pág. 14).

Ibíd., pág. 31.

Palazzini L., ibíd., pág. 95.

Ibíd., pág. 100-101. E. Lecaldano, siguiendo la línea de Singer, excluye de la tutela, además, a todos los sujetos “privados de reacciones cerebrales”. Lecaldano E. Questioni etiche sui confini della vita, in Di Meo A. Mancina C. (a cura di), Bioética, pág. 19-39. cit. por Palazzani.

Sgreccia E. Manuale di Bioética, vol. I: Fondamenti ed etica biomedica, Ed. Vita e Pensiero. Milano, 2006, pág. 123.

Cf. Cahill L. The embryo and the fetus: New moral contexts, Theological Studies. Vol. 54, Nº 1, 1993, pág. 127-134.

Ibíd.

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Lejeune C. y Lejeune J., óp. cit., pág. 48-50. 72 Rodríguez Guerro A. y Rodríguez yunta E., óp. cit., pág. 274-282.73 De Nisa G. Sobre la vida de Moisés. Ed. Ciudad Nueva, Madrid, 1993, pág. 202.

Ver Rielo F. Mis meditaciones desde el modelo genético, óp. cit., pág. 134.

Para Rielo F. no existen una evolución o una creación absolutas, antes bien, una evolución en la creación y una creación en la evolución.

Ver Rielo F., ibíd., pág. 48-51.

Cf. Rielo F., ibíd., pág. 126.

Para Rielo, no existe, por ejemplo, el “yo” y el “ego” como entes distintos y contrapuestos: el “yo” relativo al espíritu y el “ego” relativo al alma o sique. El alma o sique no posee forma propia con su acto ontológico propio, pues estos han quedado reducidos a cero ontológico por la forma y el acto ontológico del espíritu, en tal grado que la complejidad anímica, con su específico y funciones, al quedar reducida a cero la forma y acto ontológico, es asumida por la forma del espíritu con su acto ontológico para sujetar el específico y actuar con sus complejas funciones. El “ego” no es otra cosa que la egotización del “yo”; es decir, la inmersión del yo en el sicosoma, adaptándose, con algún grado de conciencia, a la estimulidad e instintualidad del complejo anímico. El ego es, por tanto, la inversión del yo, careciendo, por ello, su actuación de dirección y sentido concienciales y potestativos. Si tenemos en cuenta el ámbito moral, existen muchas formas y grados de egotización, en tal grado que el “ego” está, de algún modo, presente en todo ser humano durante su periodo viador. El Magisterio de la Iglesia Católica excluye

de esta presencia del ego, además de la naturaleza humana de Cristo, a la Santísima Virgen María.

El carácter genético le viene a nuestro espíritu de la presencia divina, que lo constituye en lo que es: persona humana a imagen y semejanza de las Personas Divinas. Si en el orden biológico tenemos 30.000 genes aproximadamente en el orden ontológico o espiritual tenemos solo uno que otorga al ser humano toda la herencia de valores y lo estructura: formalmente asumiendo el psicosoma, trascendentalmente abriéndolo al Absoluto y a los demás seres humanos.

Ver Rielo F. Mis meditaciones desde el modelo genético, óp. cit., pág. 100.

“La conciencia potestativa genetiza transcendentalmente la percepción comunicativa de nuestra potencia de unión, hasta tal extremo que capacita a esta para una “unidad de vivencia” consistente en la relación de un definiens, acción agente de la divina presencia constitutiva del modelo absoluto, en un definiendum o acción receptiva de la potencia de unión de nuestro espíritu transcendentalmente genetizado. La unidad de vivencia no se mide, de este modo, por la cantidad de experiencia, ni de conocimiento, ni de sentimiento, ni de deseo, ni de afecto, ni de intención, ni de pasión; no se mide por la relación del ser humano consigo mismo, ni siquiera por la relación con los demás seres humanos, ni menos por la relación con la naturaleza o con otra cosa que no sea la mejor forma de relación con el modelo absoluto. Esta mejor forma de relación es, no la que se puede medir, sino la que puede ser definida y, a su vez, definir consistentemente todas las demás relaciones que puede establecer el ser humano”. Rielo F., ibíd.

Rielo F., ibíd. óp. cit., pág. 107.

Ver F. Rielo, ibíd, pág. 125 (Rielo distingue metafísica de ontología: con el concepto de metafísica se significa la realidad absoluta ad-intra de las personas divinas en las propias personas divinas y por las propias personas divinas; con el concepto de ontología, la realidad ad-extra de las personas divinas en la persona humana por las propias personas divinas. Para un estudio de la metafísica y de la estructura antropológica del ser humano según Rielo F. ver “Hacia una Nueva Concepción Metafísica del Ser” y “Concepción Genética de lo que no es el Sujeto Absoluto” publicadas en ¿Existe una Filosofía Española? y en Raíces y Valores Históricos del Pensamiento Español (E.F.R., Constantina, Sevilla, 1988 y 1990 respectivamente). y Rielo F. Tratamiento Sicoético en la Educación (E.F.R., Nueva york, 1996).

Rielo F. Definición mística del hombre y sentido del dolor humano, en Mis meditaciones desde el modelo genético, óp. cit., pág. 179.

Ver Papa Pío XII. Encíclica Humani Generis: AAS 42 (1950) 575. Papa Juan XXIII, Encíclica Mater et Magistra, III: AAA 53, (1961), 447 Papa Pablo VI, Encíclica Professio Fidei: AAS 60 (1968) 436.

Rielo F. Hacia una nueva concepción metafísica del ser, pág. 132; para la cuestión epistemológica ver ibíd., pág. 132-36; para la cuestión ética ver Concepción genética de lo que no es el sujeto absoluto, pág. 130-134.

Esto es en contra de aquellos que, como Mary Anne Warren consideran que la ausencia de tales criterios justifica el aborto; ver Warren, The Moral and Legal Status of Abortion, The Monist, vol. 57, Nº 1 (January 1973); y Michael Tooley, quien, además, considera el infanticidio justificable; ver Tooley, In Defense of Abortion and Infanticide, en The Problem of Abortion, ed. Joel Feinberg (Belmont, CA: Wadsworth Publishing Co., 1984).

Ver Baruch Brody. The Morality of Abortion, en Abortion and the Sanctity of Human Life: A Philosophical View (Cambridge, MA: MIT Press, 1975). En este artículo Brody da una detallada respuesta a la defensa de Judith Jarvis Thomas del derecho de la mujer embarazada a su cuerpo que cancela cualquier posible derecho que el feto pudiera tener; ver su A Defense of Abortion, Philosophy and Public Affairs, vol. 1 (1971): 47-66.

Ver Marquis Don. Why abortion is Inmoral, The Journal of Philosophy, vol. 86, Nº 4 (abril 1989).

Martyn Ken. Technological Advances and Roe v. Wade: The Need to Rethink Abortion Law, en UCLA Law Review 29, 5-6 (junio-agosto 1982): 1194-1215.

Cf. Rielo F. Concepción genética de lo que no es el sujeto absoluto, ibíd., pág. 130-134.

El Magisterio ha condenado repetidamente al aborto: Santo Oficio 1889 y 1895, Denz 3719 y 3721; Pío XII, Humani Generis: AAS 42 (1950): 575, y su Discourse to the Obstetricians (29 de octubre, 1951); Pablo VI, Professio Fidei: AAS 60 (1968): 436, y en Humane Vitae (1971); y varias declaraciones de las conferencias episcopales. Ver también la Declaración sobre el aborto del Vaticano en 1974.

Ver Rodríguez Guerro A. La persona humana frente al dolor, la vejez y la muerte. Humanización en salud. Ed. UTPL, Loja, Ecuador, 2006, pág. 161-203.

Juan Pablo II. Discurso a la XI Asamblea General de la PAV (Ciudad del Vaticano, 21-23 febrero 2005) en Qualità della Vita ed Etica della Salute. Librería Editrice Vaticana, pág. 8-9.

Congregazione Per la Dotrina Della Fede, Donum Vitae, Introducción, n. 5.

Faggioni M. La qualità della vita e la salute alla luce dell’antropologia cristiana, en Qualità della vita ed etica della salute. PAV Ed. Libreria Editrice Vaticana 2006, pág. 28.




DOI: http://dx.doi.org/10.11565/arsmed.v37i1.131



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