Los cirujanos y la cocaína. Facile est inventis addere | Dagnino Sepúlveda | ARS MEDICA Revista de Ciencias Médicas

Los cirujanos y la cocaína. Facile est inventis addere

Jorge Dagnino Sepúlveda

Resumen


Este artículo, tercero de una serie sobre el desarrollo de la anestesia local, describe los acontecimientos que siguieron al descubrimiento hecho por Carl Koller en 1884 del uso anestésico de la cocaína hasta la introducción de la procaína por Einhorn. En un lapso de veinte años, varias investigaciones culminaron con la introducción de muchas de las técnicas de anestesia local y regional usadas contemporáneamente: troncular, por infiltración, raquídea y peridural caudal. El escrito toca aspectos tales como la juventud de los innovadores, en su mayoría cirujanos, la toxicidad y el terrible poder de adicción de la cocaína que alcanzó a algunos de ellos, las disputas por la precedencia y la tradición de autoexperimentación.

Palabras clave


anestesia local; anestesia troncular; anestesia raquídea; anestesia caudal; cocaína

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Referencias


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Reclus P., óp. cit., pág. 14. 13 Noyes H. Medical Records 1884 (oct. 11); 26: 417-18.

Que después se convertiría en el Index Medicus, herramienta vital durante buena parte del siglo XX, pero cuya importancia desaparecería con el advenimiento de las bases de datos electrónicas, los motores de búsqueda y la Internet.

Con frecuencia, se cita el apellido de Jelineck como Jellineck, quizás confundiéndolo con el también vienés Stephan Jellinek, el iniciador de la electropatología, quien tenía solo 13 años en 1884. Igual cosa sucede con Carl Koller, citado frecuentemente como Karl.

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Ibíd., pág.170. 71 Tropacocaína en 1891 por Giesel, betaeucaína por Vinci en 1897, stovaína por Fourneau en 1904, y alypin por Impens en 1905.




DOI: http://dx.doi.org/10.11565/arsmed.v36i1.164



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