La idea de evolución antes de Darwin. Antecedentes históricos e intelectuales del origen de las especies.

Augusto Salinas Araya

Resumen


Historiadores y biólogos tienden a creer en la inexistencia de nociones evolucionistas predarwinianas, con excepción de la teoría evolutiva de Lamarck. El presente trabajo intenta probar lo contrario, por medio del análisis de las ideas que apuntaban a sugerir la transmutación de las especies, que aparecen en la segunda mitad del siglo XVIII, y de las tradiciones y paradigmas imperantes entre 1650 y 1850, que de varias maneras incentivaron el estudio de los seres vivos u obligaron a naturalistas y biólogos a enmarcar sus investigaciones en una estricta lógica científica. En este contexto, se estudian brevemente la tradición de la Teología Natural y el concepto de la Gran Escala de los Seres. También se hace cargo de la polémica entre evolucionistas y creacionistas, muy fuerte en la cultura calvinista anglosajona, pero ajena a los postulados de la Iglesia Católica, que reconoce la teoría de la evolución por selección natural, dejando al alma fuera de este proceso. Por último, se examinan brevemente el proceso de transición desde la historia natural a la biología, y los avances en las ciencias geológicas, señalando las figuras y las obras predarwinianas más importantes en el ámbito de la transformación de las especies.

Palabras clave


evolución; antecedentes de Darwin; creación y evolución

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Referencias


Ernst Mayr, Conferencia en la recepción del Premio Crafoord de la Real Academia Sueca de Ciencias, 23 de septiembre de 1999.

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John Fiske, un evolucionista norteamericano contemporáneo de Darwin, manifestó estar feliz de haber vivido lo suficiente como para ver cómo las antiguas creencias se disolvían: “Un raro privilegio en este siglo”, según él. Citado en Hofstadter, Richard (1953) Social Darwinism in American Thought, University of Pennsylvania Press, Philadelphia, pág. 3. Su opinión fue oportunamente desmentida por el mismo Charles Darwin: “No veo motivos por los que las perspectivas expuestas en (el Origen) deban atentar contra los sentimientos religiosos de nadie”. Asa Gray, fiel seguidor de Darwin, tuvo una opinión totalmente contraria a su compatriota: “…sé muy bien que (Darwin) rechaza la idea de un Diseño Inteligente, pero (en su obra) nos ha proporcionado los mejores ejemplos de su existencia”. Las citas de Newman y Darwin en Newsome, David (2001) El Mundo Según los Victorianos. Editorial Andrés Bello, Santiago, pág. 226. Las opiniones de Gray pueden verse en Gray, Jane (1894) Letters of Asa Gray, Boston: Carta a Louis Agassiz. Citado en Eiseley, Loren (1961) Darwin’s Century –Evolution and the Men who Discovered It, Doubleday & Co., New York, pág. 197.

La Iglesia Católica ha aceptado la teoría de la evolución, con la única restricción del alma humana. S.S. Juan Pablo II ha señalado que “lo que revela el autor de la Naturaleza no puede estar en contradicción con lo que esa misma Naturaleza expresa”. Para ello hay necesidad de una hermenéutica rigurosa para la correcta interpretación de la Palabra divina: “Conviene delimitar bien el sentido propio de la Escritura, descartando interpretaciones indebidas que le hacen decir lo que no tiene intención de decir”. En segundo lugar, la ciencia no debe hacerle decir a la Naturaleza lo que en verdad ella no dice, confundiendo los antecedentes objetivos con prejuicios y presupuestos ideológicos, “lo que no pocas veces ha ocurrido en el campo de la evolución”. En Orrego, Fernando “Juan Pablo II y la Teoría de la Evolución”, Humanitas, 1997; 5: 65-84. Véase, además, Carroll, William E. (2003) La Creación y las Ciencias Naturales. Ed. Universidad Católica de Chile, Santiago, Cap. III: “Creación y Evolución: El Debate Contemporáneo y el Legado de Santo Tomás de Aquino”. Un completo estudio sobre el alma y la evolución biológica es el de Vicuña, Rafael “Alma Humana y Evolución”, Ars Medica –Revista de Estudios Médico-Humanísticos 1999; 1, 1: 77-97.

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El desarrollo universitario y científico europeo en el siglo XIX, sobre todo en medicina y las ciencias de la vida, es estudiado por Joseph Ben-David, Joseph y Awraham Zloczower en “Universities and Academic Systems in Modern Societies”, European Journal of Sociology, 1962; III, 1: 45-84. La Universidad Humboldtiana es tratada en La Idea de la Universidad en Alemania (1959) Editorial Sudamericana, Buenos Aires. Véase esp. von Humboldt Wilhelm: “Sobre la Organización Interna y Externa de los Establecimientos Científicos Superiores en Berlín”, pág. 209-219. En cuanto a los principios de la Libertad Académica, ellos han sido estudiados por Metzger, Walter P. (1969) Academic Freedom in the Age of the University, 6th printing. Columbia University Press, New York. Cap. III: “The German Influence”.

Coleman. Biology in the Nineteenth Century, pág. 14-15.

La ciencia aplicada, o “ciencia práctica”, gozó de la simpatía de los ingleses, deseosos de llevar a la Revolución industrial los resultados de la teoría científica. Lo mismo hizo la Society of Arts (1753), cuyo dictum fue “Promover las Artes, Manufacturas y Comercio en Gran Bretaña”.

Gillispie, Charles Coulton (1959) Genesis and Geology –The Impact of Scientific Discoveries Upon Religous Beliefs in the Decades Before Darwin. Harper&Row Publishers, New York, pág. 24.

Al respecto, véase, de Larry Stewart, “The Selling of Newton: Science and Technology in Early Eighteenth Century England”, Journal of British Studies 25 (april 1986), pág. 178-192. Sobre el papel positivo de la ciencia en la Revolución industrial, véase Jacob, Margaret C. (1988) The Cultural Meaning of the Scientific Revolution McGraw-Hill Inc., New York, Cap. 5, “The Cultural Origins of the First Industrial Revolution”, pág. 141.

Citado por Webb, C. (1915) Studies in the History of Natural Theology. Oxford University Press, Oxford, pág. 2.

Greene, John C. (1963) Darwin and the Modern World View –An Exploration on the Impact of Darwin’s Evolutionary Biology on the Religious and Intellectual Thought of the Past Century. New American Library, New York, págs. 39-40. Una excelente discusión sobre este tema es la de Gilson, Etienne (1938) Reason and Revelation in the Middle Ages. Charles Schribner’s Sons, New York. Véase también, en conexión con la Teoría de la Evolución, de Carroll, William E., La Creación y las Ciencias Naturales, especialmente los Caps. II y III.

Wisdom of God Manifested in the Works of the Creation (1691). Citado en Toulmin, Stephen, and June Goodfield (1965) The Discovery of Time. Harper&Row Publishers, New York, pág. 100.

Ibíd., pág. 35-36. Por “Providencia” se entiende la idea de que Dios creó el Universo con un propósito y que Él supervisa sus operaciones con el objetivo de que cumpla ese propósito. En 1829, el Rvdo. Francis H. Egerton, octavo conde de Bridgewater, donó £ 8.000 a la Royal Society de Londres, para ser pagadas al autor o autores que escribieran y publicaran un trabajo sobre “El Poder, Sabiduría y Bondad de Dios, tal como se manifiesta en la Creación”. El resultado fue la publicación de los Bridgewater Treatises (1833-1836).

Willey, Basil (1940) The Eighteenth Century Background –Studies on the Idea of Nature in the Thought of the Period, London. Citado en Gillispie, Genesis and Geology, pág. 7.

The World as Will and Idea (1844): Citado en Cornell, John F. “Newton of the Grassblade? –Darwin and the Problem of Organic Teleology”, Isis, 1986; 83, 2: 405-421.

Aristóteles. De animalibus historia, VIII, 1. Citado en Toulmin et al., The Discovery, pág. 51-52.

Lovejoy, Arthur O. (1960) The Great Chain of Beings –A Study in the History of and Idea. Harper&Row Publishers, New York, págs. 220ss. El estudio del profesor Lovejoy es la historia más completa publicada hasta ahora sobre la Gran Cadena de los Seres.

Algunos historiadores de las ciencias han definido a los principales defensores de la Gran Cadena de los Seres como verdaderos evolucionistas y precursores de Darwin. Lovejoy hace notar que cuando uno de estos defensores expresa que la naturaleza pasa de una especie a otra a través de transiciones graduales y casi imperceptibles, “no es de ningún modo seguro pretender que la frase contiene alguna referencia a transiciones genealógicas… (ni que puedan ser) inmerecidamente etiquetados como evolucionistas”. Lovejoy, A.O. “Buffon and the Problem of Species”, Popular Science Monthly, 1911; 79. Estas equivocaciones son recurrentes sobre este tema. Lo mismo opina Eiseley, Darwin’s century, pág. 6. El gran historiador de la ciencia francés, Emile Guyenot (1956) cae en este error en su obra Las Ciencias de la Vida en los Siglos XVII y XVIII –El Concepto de Evolución. Unión Tipográfica Editorial Hispano Americana (UTEHA), México DF. Véase esp. el Libro IV, Cap. III. En Chile, numerosos intelectuales también han postulado al abate Juan Ignacio Molina como antecesor de Darwin y “primer evolucionista”, por adherir en pleno siglo XIX al concepto de la Gran Cadena de los Seres. Al respecto, véase mi trabajo, “El Abate Molina y la Ciencia de su Epoca”, Universum (Universidad de Talca) 1998; 13: 211-225.

L. Eiseley, Darwin’s Century, pág. 7.

Mayr, Ernst (1942) Systematics and the Origin of Species. Citado por Brncic, Danko (1979) Fundamentos de la Teoría de la Evolución Biológica. Consejo de Rectores/Editorial Universitaria S.A., Santiago, pág. 55. Mayr, uno de los más grandes biólogos evolucionistas contemporáneos, discute ampliamente el concepto de especies en “What is a Species, and What is Not?”. Philosophy of Science, 1996; 63: 262-277. Ernst Mayr ha definido la síntesis moderna de la teoría de la evolución al proponer el concepto de las “Especies Biológicas”. En particular, su trabajo en especies y especiación ha conribuido al mejor entendimiento de los mecanismos de evolución de una especie a otra, y la importancia del concepto de especie, definido como la “base de la evolución”.

An Essay on Human Understanding, VI. Citado en Lovejoy, The Great Chain, pág. 228-229.

Sobre John Ray, véase esp. Bentley Glass, “The Germination of the Idea of Biological Species”. En Glass et al., Forerunners, pág. 33-36.

Ibíd, pág. 31-32.

Citado en S. Toulmin, The Discovery, pág. 187-88. Véase también, de Bentley Glass, “Maupertuis, Pioneer of Genetics and Evolution”. En B. Glass et al., Forerunners, pág. 51-83. En su Systéme de la Nature (1751), avanzó la idea de que a través de repetidas y casuales desviaciones sería posible explicar la diversidad de la vida, a partir de un ancestro común.

Según E. C. Lewontin, “el evolucionismo, en su forma más simple e irreductible, es la doctrina que sustenta que el cambio de estado es una característica invariable de los sistemas naturales e instituciones humanas y que este cambio sigue leyes inmutables”. Evolution. International Encyclopedia of Social Sciences, New York, 1968. Citado en D. Brncic. Fundamentos, pág. 12.

Ernst Cassirer. The Problem of Knowledge –Philosophy, Science and History Since Hegel, 5th ed. New Haven: Yale University Press, 1969, pág. 124-128.

Glass, Bentley. “Heredity and Variation in the Species Concept of the Nineteenth Century”. En Glass et al., Forerunners, pág. 145-46.

Ibíd., pág. 151.

Lovejoy, Arthur O. “Buffon and the Problem of Species”, en Glass, Forerunners, pág. 84-85.

Ibíd., pág. 88.

Toulmin, The Discovery, pág. 174-175. En consecuencia, Buffon estaría admitiendo que algunos grupos de la fauna terrestre se habían extinguido. Véase Eiseley, Darwin’s Century, pág. 42.

Hacia 1750, la estimación prevaleciente de la edad de la Tierra se basaba en la cronología de la Biblia, cuidadosamente estudiada por el Arzobispo James Ussher, que calculaba la fecha de la Creación en el año 4004 a.C. Sus cálculos fueron una contribución mayor al debate sobre la edad de la Tierra, y fueron publicados en su obra Annals of the Old Testament, deduced on the first origins of the world. Según Usher, la Creación habría tenido lugar en el crepúsculo del domingo 23 de octubre del año 4004 a.C. http://en.wikipedia.org/wiki/ussher-Lightfoot_Calendar.

Loren Eiseley, Darwin’s Century, pág. 35-36.

Hay versión castellana: G.L. Leclerc Buffon (1997) Las Épocas de la Naturaleza. Alianza Editorial, Madrid.

Stephen Toulmin et al., The Discovery, pág. 142-145.

Darwin, Charles R. (1958) The Origen of Especies. New American Library, New York, pág. 317.

F. Haber, “Fossils and Early Cosmology”, en Glass, Forerunners, pág. 20-21.

S. Toulmin et al., The Discovery, pág. 141-42.

Gillispie, Charles Coulton (1967) The Edge of Objectivity –An Essay in the History of Scientific Ideas, 4th printing. Princeton University Press, Princeton, pág. 290.

Toulmin et al., The Discovery, pág. 152ss.

Gillispie. The Edge of Objectivity, pág. 292.

Ibíd., pág. 292-93ss.

Gillispie. The Edge of Objectivity, pág. 293.

Ibíd., pág. 295ss.

Toulmin et al., The Discovery, pág. 155.

Ibíd., pág. 157-160.

Sobre William Smith y la estratigrafía, véase Toulmin et al., The Discovery, pág. 162163; Gillispie también se ocupa de su obra en Génesis and Geology, pág. 83-85. Véase también, otra obra de este mismo autor, The Edge of Objectivity, pág. 94-95.

Landrieu, Marcel (1909) Lamarck. Société Zoologique de France, París. Citado en

C. Gillispie, “Lamarck and Darwin”, pág. 269.

C. Gillispie, The Edge of Objectivity, pág. 269.

Toulmin, The Discovery of Time, pág. 178-79.

En su Hydrogéologie (1802), Lamarck contó una historia uniformitarista de la Tierra, algo

menos fundamentada que la de Lyell. Citado en Gillispie, “Lamarck and Darwin”, pág. 266.

C. Gillispie, “Lamarck and Darwin”, pág. 279. Es curioso que ambos corolarios hayan sido valorados como el núcleo de la teoría lamarckiana de la evolución.

Toulmin, The Discovery, pág. 165-166.

Ibíd, pág. 181-85. Con todo, Cuvier no fue tan ingenuo como para intentar reconciliar la ciencia con la Biblia. Su método es científico, pero su personalidad fue formada por la Biblia. Cuando descubre y estudia los fósiles de la cuenca de París, anota que el descubrimiento impone una resurrección, pero él “carecía de la trompeta celestial. Sin embargo, las leyes inmutables de los seres vivientes hicieron esa tarea y, a la voz de la anatomía comparada, huesos y fragmentos se levantaron y tomaron su sitio”. Citado en C. Gillispie, The Edge of Objectivity, pág. 282.

William Bukland. Vindiciæ Geologicæ; o, la Conexión entre la Geología y la Religión Explicada (1820). Citado en S. Toulmin, The Discovery, pág. 166.

Lovejoy, “The Argument”, pág. 357.

Ibíd., pág. 366.

Ibíd., pág. 366-67.

Louis Agassiz (1807-1879) fue uno de los “padres fundadores” de la tradición científica norteamericana. Agassiz nació en Suiza y emigró en 1846 a Estados Unidos. Fue profesor y creador del Museo de Zoología Comparada en Harvard y miembro fundador de la Academia Nacional de Ciencias. Autor de la teoría de las glaciaciones, bajo la influencia del catastrofismo de su maestro Cuvier publicó en 1847 su obra Systéme Glaciare. Un gran sistemático y paleontólogo, fue uno de los grandes opositores de Darwin.

Malthus, Thomas Robert (1970) Primer Ensayo Sobre la Población, 3ª ed. Alianza Editorial, Madrid.

Ibíd., pág. 52.

Ibíd., pág. 54.

Mazlish, Bruce (1995) La Cuarta Discontinuidad –La Coevolución de Hombres y

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Barber, William J. (1991) A History of Economic Thought. Penguin Books, London. Cap. 2. Elaborations and Cleavages Within the Classical System: Thomas Robert Malthus, pág. 55-75. Véase también, de Buchholz, Todd. G. (1993) Nuevas Ideas de Economistas de Ayer. El Ateneo, Buenos Aires, pág. 29-43.

Darwin, Charles R (1876) The Autobiography of Charles Robert Darwin. Se ha utilizado aquí la edición publicada en 1969 por Norton & Company Inc. New York, pág. 120.




DOI: http://dx.doi.org/10.11565/arsmed.v36i1.169



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