Concepción del dolor en la poesía de Fernando Rielo

José María López Sevillano

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Referencias


Fernando Rielo, Transfiguración, F.F.R., Constantina (Sevilla), 1988, p. 138.

La definición mística del hombre no admite que el ser se siga del deber ser; antes al contrario,

el deber ser es intrínseco al ser: "yo debo porque soy; en ningún caso, soy porque debo". El

hombre es, esencialmente, imagen y semejanza de Dios; sin embargo, puede, moralmente,

degradar esta imagen; pero la degradación de esta imagen no significa aniquilación. Por tanto, el

ser humano, bajo todos los respectos, sea cual sea su comportamiento, raza, religión o irreligión,

se define, en virtud de la gratia creationis -en términos de Fernando Rielo-, por la imagen y

semejanza divina; esto es, por la divina presencia constitutiva en su espíritu creado capacitándolo

ontológicamente para ejercer su potestas personae. Los animales no saben que tienen a Dios;

solo el ser humano sabe -o puede saber- que tiene a Dios.

Los poemarios publicados de Fernando Rielo, y que iremos citando, son los siguientes: Dios y

árbol, ed. Rumbos, Barcelona, 1958; Llanto azul, Ornigraf, Madrid, 1978; Paisaje desnudo,

Ornigraf, Madrid, 1979; Pasión y muerte, Ornigraf, Madrid, 1979; Dios y árbol, Ornigraf,

Madrid, 1980; Noche clara, Ornigraf, Madrid, 1980; Transfiguración, F.F.R., Constantina

(Sevilla), 1988; Balcón a la bahía, F.F.R., Constantina (Sevilla), 1989; Dolor entre cristales,

F.F.R., Constantina (Sevilla), 1990; En las vírgenes sombras, F.F.R., Constantina (Sevilla),

; Los hijos del encuentro, F.F.R., Constantina (Sevilla), 1999.

Fernando Rielo, Transfiguración, F.F.R., Constantina (Sevilla), 1988, p. 139.

Los hijos del encuentro, poema 14, p. 27.

Transfiguración, p. 150.

Fernando Rielo: Un diálogo a tres voces (libro de entrevistas por Marie-Lise Gazarian), Nueva

York, 1993, F.F.R., Constantina (Sevilla), 1995, p. 76. [En adelante, lo citaremos Diálogo.]

p. 67.

p. 26.

p. 122.

Se trata de que el ser humano obre en conformidad con su dignidad como tal persona, creada

a imagen y semejanza de Dios, y no a imagen y semejanza del mundo, de los animales, de los

instintos o pasiones no orientados hacia su fin propio. El ser humano se despersonaliza cuando

pierde este sentido de su dignidad. De este modo, como dice San Pablo, no podrá concebir

espiritualmente: "El hombre animal no percibe las cosas del Espíritu de Dios; son para él locura

y no puede entenderlas, porque hay que juzgarlas espiritualmente" (1 Cor 2, 14).

Dios y árbol, p. 81.

Llanto azul, p. 66.

Los hijos del encuentro, poema 5, p. 18.

Pasión y muerte, p. 90.

Pasión y muerte, p. 80.

Los hijos del encuentro, poema 5, p. 18.

Diálogo, p. 107.

Los hijos del encuentro, poema 50, p. 64.

Dolor entre cristales, p. 34.

Los hijos del encuentro, poema 47, p. 61.

Los hijos del encuentro, poema 9, 22.

Diálogo, pp. 103-104.

Diálogo, p. 102.

San Pablo distingue la "tristeza según Dios" y la "tristeza del mundo": "La tristeza según Dios

produce una penitencia de la que no hay que arrepentirse; la tristeza del mundo lleva a la muerte"

(2 Cor 7, 10). La tristeza según Dios o "tristeza mística" tiene la capacidad de transformarse en

alegría. Esta es la tristeza de los discípulos de Jesús cuando les anuncia que se va a ir al Padre:

"Estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en alegría" (Jn 16, 20).

Diálogo, p. 100.

Diálogo, p. 29.

Llanto azul, p. 95.

Diálogo, p. 104.

Diálogo, p. 102. La tristeza de Cristo es patente en todo el Evangelio: se entristece por el

endurecimiento de los fariseos (Mc 3, 5), se entristece con lamento por Jerusalén (Lc 19, 41), se

entristece por la muerte de Lázaro (Jn 11, 35), se entristece en la agonía del Getsemaní: "Y

tomando consigo a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, comenzó a sentir tristeza y angustia.

Entonces les dice: "Mi alma está triste hasta el punto de morir; quedaos aquí y velad conmigo""

(Mt 26, 37-38).

En las vírgenes sombras, p. 79.

Diálogo, p. 102.

Los hijos del encuentro, poema 5, p. 18.

Los hijos del encuentro, poema 5, p. 18.

Pasión y muerte, p. 82.

Pasión y muerte, p. 80.

Los hijos del encuentro, poema 5, p. 18.

Dolor entre cristales, p. 45.

Transfiguración, p. 153.

Recordemos, en este sentido, aquel hermoso soneto de Lope de Vega, cuyo primer cuarteto

dice:

¿Qué tengo yo que mi amistad procuras?

¿Qué interés se te sigue, Jesús mío,

que a mi puerta, cubierta de rocío,

pasas las noches del invierno escuras?

Diálogo, p. 170. Que la rúbrica explícita de la libertad sea a priori o a posteriori en orden al

ofrecimiento, es indiferente a la concesión de la gracia. Lo importante es la actitud positiva o

votum implicitum. Esta actitud positiva es la que siguen las personas de buena voluntad. La

actitud negativa y de rechazo explícito a la gracia por parte del ser humano es respetada por

Dios.

Diálogo, p. 148.

Diálogo, p. 79.

"Dios, habiendo enviado a su propio Hijo en una carne semejante al pecado, y en orden al

pecado, condenó el pecado en la carne" (Rom 8,3). Cristo, destruyendo la "carne" en su persona

mediante su muerte, ha podido destruir el pecado que en la carne reinaba. Por eso, el hombre

unido a Cristo, de carnal se hace espiritual.

Paisaje desnudo, p. 22.

En las vírgenes sombras, p. 105

Noche clara, Ornigraf, Madrid, 1980, p. 39.

Llanto azul, p. 53.

Llanto azul, p. 93.




DOI: http://dx.doi.org/10.11565/arsmed.v29i2.342



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