Los médicos, entre la clientela particular y los empleos del Estado, 1870-1951

Juan Eduardo Vargas Cariola

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Referencias


Este artículo forma parte del Proyecto Fondecyt N°1980872 y fue publicado por primera vez

en el Boletín de la Academia Chilena de la Historia, N°111, 2002. El autor agradece al Comité

de Redacción de Ars Medica su interés por incluirlo en esta revista, y al Comité del Boletín el

que haya autorizado esta segunda edición.

Lois, Dr. Arturo, "Horizontes económicos del médico", en Revista de la Asociación Médica de

Chile (AMECH, en adelante), N°3, septiembre de 1937, 26 y ss.

Vargas Cariola, Juan Eduardo, Los médicos y las políticas de salud (Antecedentes para una

historia gremial). Informe final correspondiente al Proyecto Fondecyt N°1980872.

Revista Médica de Chile (RMCH, en adelante). Tomo XIV, 1885-86, 17.

Serrano, Sol, Universidad y Nación, Santiago, 1994, 200.

Ibídem.

Orrego Luco, Augusto, Recuerdos de la Escuela. Santiago, 1924, 121.

Ibídem.

Ibídem.

En 1873 los médicos de los hospitales de Santiago recibían un sueldo de $480 anuales,

debiendo atender diariamente a cerca de 100 enfermos, en RMCH, 7, 1873, 330. Las

remuneraciones en los hospitales de otras ciudades fluctuaban, en 1877, entre $ 300 anuales

(Coquimbo) y $1.000 (Ovalle), en Serrano, op.cit., 194, nota 154.

Serrano, op.cit., 132.

Serrano, op.cit., 142.

Orrego Luco, op.cit., 77.

Vargas Cariola, Juan Eduardo, "Rasgos de la autoimagen social y profesional de los

médicos" (1872-1925), en Ars Medica. Revista de Estudios Médicos Humanísticos, vol. 3, N°4,

, 115.

Apuntes autobiográficos de Don Antonio Barrena Lopetegui, 1820-1905. Debo el

conocimiento de esta fuente a la generosidad del profesor Santiago Lorenzo.

Boletín de Leyes y Decretos (BLD, en adelante), 6 de octubre de 1932, 121.

BLD, 8 de febrero de 1934, 243.

Era el caso del Dr. Cox, en Barrena Lopetegui, op.cit., 112.

Ibídem.

BLD, Libro XIV, Nº 12, diciembre de 1846, 332 y 333.

El Independiente, 2 de abril de 1874.

Sobre Tocornal, ver Serrano, op.cit., 174; con respecto a Carvallo, ver Juan Eduardo Vargas

Cariola, "Amor conyugal en el siglo XIX: el caso de Mary Causten y Manuel Carvallo", 1834-

, en Horacio Aránguiz (editor), Lo público y lo privado en la historia americana, Santiago,

, 287.

Orrego, Luco, op.cit., 77

Vargas Cariola, Juan Eduardo, "Aspectos de la vida privada de la clase alta de Valparaíso: la

casa, la familia y el hogar entre 1830 y 1880, en Historia," Nº 32, 1999, 681.

Es el caso del Dr. Cox, cuya fortuna experimentó un serio quebranto al tener que responder

por avales que no cumplieron sus compromisos, en ibídem.

Libro de cuenta de Manuel Carvallo. Debo el conocimiento de esta fuente a la generosidad de

la profesora Antonia Rebolledo.

Barrena Lopetegui, op.cit., 111.

Barrena Lopetegui, op.cit., 112.

Barrena Lopetegui, op.cit., 112 y 113.

Vargas Cariola, Aspectos..., 681.

Vargas Cariola, Juan Eduardo, José Tomás Ramos Font: una fortuna chilena en el siglo XIX.

Santiago, 1988, 199 y ss.

Vayssiere, Pierre, un siècle de capitalisme minier au Chili 1830-1930. París, 1980, 87.

Habría que decir que $ 25.000, a mediados del siglo XIX, era una cantidad que se estimaba

como una "fortuna", en Vicente Pérez Rosales, Recuerdos del Pasado. Barcelona, 1962, 267.

El Independiente, 2 de abril de 1874.

RMCH, N° 6, diciembre de 1878, 159.

RMCH, Nº 6, diciembre de 1878, 160.

Ibídem.

RMCH, Tomo XIV, 1885-86, 16.

Ibídem.

Orrego Luco, op.cit., 104.

Orrego Luco, op.cit., 80.

Da la impresión de que los problemas económicos de los médicos fueron similares a los que

afectaron a otros profesionales. Así, Miguel Luis Amunátegui, en su calidad de Secretario

General de la Universidad de Chile, afirmaba que ‘la adquisición de un título de abogado, de

médico o de ingeniero habilita muchas veces a quien lo obtiene para proporcionarse la propia

subsistencia y la de su familia; pero no siempre asegura este resultado... Convengo en que el

estudio no debe asimilarse a una especie de "vaca lechera", según la feliz expresión del insigne

Schiller. La labor intelectual debe proponerse fines más elevados; pero no puede olvidarse de

que los literatos y los sabios son hombres de carne y hueso..., que necesitan alimentarse y

vestirse, que han de aspirar a poseer por lo menos una modesta habitación, y a quienes no ha de

ser grato el verse obligados a curar sus enfermedades en una cama de hospital, o así por el

estilo...’ Teniendo en cuenta esta situación, continuaba Amunátegui, muchos jóvenes

comenzaban a no mostrar mayor interés por el estudio. Este hecho era extraordinariamente

perjudicial para el país, toda vez que ‘la sociedad, so pena de decaer, ha menester

imprescindiblemente de personas instruidas que sepan elaborar y aplicar leyes, formular e

interpretar los contratos, decidir las contenciones civiles y criminales, prevenir y curar las

enfermedades, sujetar las fuerzas de la naturaleza al servicio del hombre, fabricar edificios bellos

y cómodos, construir carreteras y ferrocarriles, abrir canales, hacer puentes, desecar ciénagas y

pantanos, extraer las riquezas ocultas en la tierra y purificarlas’; y concluía, proponiendo a modo

de solución, que "los empleos de segunda categoría del "servicio público" deberían ser proveídos

por profesionales’. Así, ‘habría muchos que soportarían por varios años penalidades, y que

harían un sacrificio para llevar a cabo ciertos estudios y para terminar una carrera, teniendo a lo

menos la probabilidad de que su aplicación y su constancia no quedarán estériles’, en Anales de

la Universidad de Chile, diciembre de 1888, 688 y 689.

RMCH, tomo XIV, 1885-86, 15.

Ese año se contabilizaba una población de 236.870 habitantes.

Illanes, María Angélica, Historia Social de la Salud Pública, Chile 1880-1973, Santiago,

, 49.

Una visita diurna —desde el amanecer hasta las nueve de la noche— tenía un valor

"mutualista" de $ 0,80, en Illanes, op.cit., 39; en circunstancias que un médico de renombre

cobraba por una visita entre $ 10 y $ 20, en RMCH, Nº 5, mayo de 1908, 153.

LTM, 15 de junio de 1908, 531.

Anuario Estadístico de la República de Chile correspondiente a 1916.

Sierra, Dr. Lucas, "Organización de las dispensarías y policlínicos", en La Tribuna Médica

(LTM, en adelante), 1° de mayo de 1918, 843 y ss.

Anuario Estadístico de la República de Chile correspondiente a 1908 y 1916.

Eyzaguirre, Guillermo y Jorge Errázuriz, Monografía de una familia obrera de Santiago.

Santiago, 1903, 41 y 53.

Puga Vega, Mariano, "Vida del Doctor Federico Puga Borne", 1856-1935 (inédito), 6. Debo

el conocimiento de este artículo a la generosidad del Dr. Federico Puga Concha.

Las funciones del "médico de ciudad", que era designado por el Presidente de la República,

eran las siguientes: servir en los hospitales y lazaretos, atender un dispensario gratuito, visitar

cuarteles, cárceles y demás institutos penales para inspeccionar su aseo e higiene, prestar

servicios profesionales donde el establecimiento no tuviere un médico especial, informar a la

autoridad administrativa sobre asuntos de salubridad pública y a la justicia sobre todo asunto

médico legal; inspeccionar boticas y droguerías, reconocer a los empleados públicos que

solicitaren licencia por motivo de salud y a los de la Guardia Nacional, informar sobre el estado

mental de las personas que retenidas en los cuarteles de policía tuviesen que ir a la Casa de

Orates, comprobar las defunciones de las personas fallecidas sin asistencia médica, dar informes

a las municipalidades sobre policía sanitaria e indicar las medidas higiénicas que conviniera

adoptar en caso de epidemia, en Dr. Enrique Laval, Don Alejandro del Río, en Revista de

Asistencia Social, N°3 y 4, julio-diciembre de 1944, 149.

Puga Vega, op.cit., 6 y 7.

Subrayado por nosotros.

La señora de Juan de Dios de Merino era Elisa Carvallo Causten.

Puga Vega, op.cit., 6 y 7.

Archivo Nacional, Ministerio del Interior, v. 489, pág. 62.

El Protomédico Dr. José Joaquín Aguirre al Ministro del Interior, Santiago, 23 de octubre de

, en AN, MI, v.596, s/f.

LTM, 15 de junio de 1911, 530 y 531.

LTM, 1 de enero de 1906, 540

LTM, 15 de febrero de 1907, 584.

RMCH, Nº 5, mayo de 1908, 153.

González Leandri, Ricardo, Curar, Persuadir y Gobernar. La construcción histórica de la

profesión médica en Buenos Aires, 1852-1886. Madrid, 1999, 22 y ss.

Boletín del Sindicato de Médicos de Chile (BSMCH, en adelante), 14 de mayo de 1927.

BSMCH, Nº 3, 1925, 24.

La ley 4.054, en su artículo 5°, establecía un ‘un organismo compuesto de una Caja Central y

de Cajas Locales’ a fin de ‘organizar y dirigir el funcionamiento del seguro de enfermedad e

invalidez’, el cual se compondría de 9 miembros; éstos integrarían el Consejo (o Junta) que

dirigiría a dicha Caja, en RBP, diciembre de 1924, 492; entre los designados figuraban los

doctores González Cortés y Julio Bustos.

El Sindicato no fue acogido por todos los médicos. De partida, encontró resistencia en la

Sociedad Médica de Santiago. Así, los médicos de la capital organizaron su propio sindicato, y

dejaron claro que la autoridad máxima de ellos era dicha Sociedad Médica de Chile, en BSMCH,

de enero de 1926, 2.

Carta del doctor Hugo Grove a Francisco Javier Infante, Valparaíso, 31 de diciembre de

, en BSMCH, 30 de enero de 1926, 2.

No puede pensarse que al Sindicato solo lo movía el interés de cambiar la ley 4.054; también

se contaban entre sus objetivos los siguientes:

a.- Estudio y difusión de las ideas y doctrinas que tiendan al mayor prestigio de la profesión.

b.- Especial preocupación por el "mejoramiento económico" de los médicos.

c.- Redacción y aprobación de un Código de Moral Médica para Chile.

d.- Formación de un Tribunal de Honor para resolver diferencias entre los miembros del

Sindicato.

e.- Estudio de las condiciones de vida de las distintas "clases" de la sociedad a fin de establecer

los honorarios profesionales correspondientes.

f.- Estudio de las leyes que ‘afecten al médico’, y

g.- Establecimiento del socorro mutuo y del seguro médico.

BSMCH, 20 de marzo de 1926, 2.

BSMCH, 29 de mayo de 1926. Respecto a la función que desempeña la Caja de Ahorro hay

que tener en cuenta que, la ley 4.054, establecía en un artículo transitorio que ‘mientras no se

dicte la ley que provea al financiamiento indispensable para el funcionamiento normal de los

organismos de la Caja Central y Cajas Locales... la Caja de Ahorros de Santiago... y la Caja

Nacional de Ahorros en los demás (departamentos del país), desempeñarán las funciones de las

dichas Cajas Centrales y Locales...’, en RBP, diciembre de 1926, 496.

La Clínica (LC, en adelante), Nº 49, 15 de mayo de 1926, 586. El paciente escogía a su

médico de acuerdo a una lista que proporcionaba el Sindicato de Médicos de Chile.

Sesión del Directorio del Sindicato de Médicos de Santiago, 10 de mayo de 1926, en

BSMCH, 12 de junio de 1926, 2.

LC, Nº 51, 15 de junio de 1926, 605.

Bulnes, Dr. Félix, "El servicio médico de la Caja del Seguro Obligatorio", en LC, N° 70, 1 de

mayo de 1927, 456.

Ibídem.

Boletín Médico de Chile (BMCH, en adelante), 29 de junio de 1929, 1.

BMCH, 19 de abril de 1930, 1.

LC, N°178, 1 de noviembre de 1931, 3.067.

Vargas Cariola. Los médicos y las políticas..., 174 y ss.

Poblete Troncoso, Moisés, El Derecho del Trabajo y la Seguridad Social en Chile. Santiago,

, 138.

LC, N°169, 15 de junio de 1931, 2.815 y 2.816.

RMCH, Nº 5, mayo de 1931, 403.

Lois, op.cit., 26 y ss.

Amech, N° 7, marzo de 1938, 3.

Amech, N° 7, marzo de 1938, 3 y 4.

Bmch, N° 495, 11 de diciembre de 1937, 2.

Ibídem.

Bmch, N° 495, 11 de diciembre de 1937, 3.

Ibídem.

Un buen ejemplo del socialismo que propugnaron algunos se encuentra en la llamada

Vanguardia Médica, un organismo gremial que agrupó a los profesionales que no se sentían

interpretados por la Amech. En materia de salud, los "vanguardistas" planteaban que ‘nuestra

producción, constituida por el aporte de conocimientos y actividades profesionales que somos

capaces de dar a la colectividad en beneficio de la conservación de la salud de sus componentes,

debemos darla en conjunto, es decir, debe socializarse y, tendrán derecho a usufructuar de

nuestra producción profesional cada uno de los componentes del conglomerado social, en

relación con sus necesidades. El Estado debe pagar al médico los servicios prestados y pagarlos

bien...’, en Vargas Cariola, Los médicos y las políticas..., 196 y ss. Los adherentes a la

Vanguardia Médica, como es obvio, no manifestaron mayor oposición a convertirse en

empleados del Estado, si bien exigían —al igual como aconteció a la larga con los médicos

"amechistas"— remuneraciones adecuadas a los servicios que prestaban.

Lois, op.cit., 28 y ss.

Esa cantidad era el sueldo mínimo. Algunos ganaban más, sin que nadie llegara a los $

000 anuales.

Era relativamente frecuente que un médico desempeñara 2 o más cargos. Teniendo en cuenta

que un cierto número no tenía trabajo, se proponía en 1932 publicar una lista con los que estaban

en dicha situación, en Casali, Dr. Humberto, "Cesantía Médica", en BMCH, 23 de julio de 1932,

BMCH, N° 497, 25 de diciembre de 1937, 3.

Lois, op.cit., 36.

Carta del Dr. Manuel Barrenechea al presidente Arturo Alessandri, Antofagasta, 24 de mayo

de 1934, en Archivo del Siglo XX, Ministerio de Salubridad, Providencias, 1934, 1304-1755.

Infante Yávar, Dr. Roberto, Recuerdos de un Médico. Santiago, 1993, 31.

Sesiones Extraordinarias de la Cámara de Senadores (SECS, en adelante), 22 de noviembre

de 1950, 517.

SECS, 22 de noviembre de 1950, 512.

SOCD, 21 de agosto de 1951, 1.959 y 1.960.

SOCS, 12 de septiembre de 1950, 1.469.

Sesión Ordinaria de la Cámara de Diputados (SOCD, en adelante), 21 de agosto de 1951,

951.

La información la proporciona el diputado socialista Aniceto Rodríguez, en SOCD, 21 de

agosto de 1951, 1.962. Un profesional que llevaba una vida modesta —de acuerdo con los

planteamientos que se hicieron durante el debate del proyecto— era aquel que carecía de medios

para diversiones (ir al teatro, por ejemplo) y para ahorrar. Sus entradas, por lo mismo, solo las

destinaba para cubrir sus necesidades fundamentales.

SOCD, 21 de agosto de 1951, 1.976.

SECS, 28 de noviembre de 1950, 573.

SECS, 22 de noviembre de 1950, 508.

SOCD, 5 de julio de 1951, 877.

SOCD, 5 de julio de 1951, 878.

SOCD, 5 de julio de 1951, 880 y 881.

Nuestra impresión —que hemos desarrollado en otro trabajo— es de que los parlamentarios

aprobaron ese aumento, en primer lugar, porque se consideraba justo remunerar adecuadamente

al cuerpo médico. Y, en segundo término, porque esos profesionales —a través de la Amech y el

Colegio Médico— habían condicionado su apoyo a la existencia del Servicio Nacional de Salud

a la previa aprobación del Estatuto. Para la clase política —casi sin distinción de colores

partidistas— era tan importante la creación de dicho Servicio —por los beneficios que acarrearía

para mejorar los índices de salud de la población— que no trepidaron en promoverlo y crearlo en

, después que los médicos habían conseguido los aumentos de sueldos por los que luchaban.

En todo caso, y para ser exactos, hay que decir que los médicos también consideraban que

establecer dicho Servicio acarrearía beneficios para la población. Su única objeción era de que,

antes de convertirse en empleados de la nueva institución, el Estado debía asegurarles una

existencia digna, en Vargas Cariola, Los médicos y las políticas..., 263 y ss.

Vida Médica, Nº 2, diciembre de 1951

VM, N° 10, agosto de 1952.

Illanes, op.cit., 139 y ss.; y Vargas Cariola, Los médicos y las políticas..., 26 y ss.

Según informaciones que me proporcionó el profesor Adolfo Ibáñez, al que agradezco su

generosidad para exponerme sus ideas, la mayoría de los ingenieros se desempeñó en

instituciones directa o indirectamente ligadas al Estado. Este hecho se explicaría porque el

mercado privado era restringido, y porque esos profesionales estaban convencidos de que solo a

través de las instituciones del Estado podrían desempeñar la "misión" —nos referimos al

desarrollo nacional— que se sentían llamados a cumplir.




DOI: http://dx.doi.org/10.11565/arsmed.v32i1.273



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