El problema del dolor y del sufrimiento en una epistemología científica y en una ontología en la fe

Rodrigo Inostroza Bidart

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Referencias


Cf. André Caquot, Jacques Duchesne-Guillemin, Jean Varenne y Francis Vian, Las Religiones Antiguas.

II, Siglo XXI, España, 1977, p. 417: "En primer lugar es preciso circunscribir el área de los dualismos

históricos, comenzando por el Irán no mazdeo (al menos en cuanto al origen). Aquí se encuentran los

mitos de la conquista de la luz y de la conquista del agua, el contrato o pacto entre la divinidad y el

maligno, el culto apotropaico, dedicado a este último y, finalmente, la exposición de los cadáveres."

El dolor espiritual, en esta perspectiva antropológica, es absorbido por el ámbito de lo síquico.

Recordemos que la sique y sus contenidos son considerados actualmente meros epifenómenos

del cerebro y del sistema nervioso.

Por ejemplo, la estructura y la legalidad de muchos fenómenos síquicos (como la consciencia,

la personalidad, la identidad, la razón, el pensamiento, el sentimiento, etc.) no pueden ser

explicadas completamente desde una fenomenología biológica. Es decir, una cosa es que células

nerviosas especializadas actualicen los fenómenos síquicos, y otra muy distinta, que los creen.

Lo primero es científicamente demostrable; lo segundo, no.

En el caso del fierro, por ejemplo, las características síquicas personales pueden ser

determinantes para causar distintas percepciones del dolor, e incluso la anulación completa del

dolor. No cabe duda tampoco de que la sique provoca distintas reacciones somáticas en relación

con los procesos fisiológicos que acompañan y siguen a un accidente de este tipo. Con esto

queremos avanzar que el dolor es un fenómeno manifiestamente neural, si bien necesariamente

condicionado por la sique.

Ya es una contradicción insalvable, desde una metodología objetivista tradicional, el que la

subjetividad síquica se transforme en objeto síquico de estudio, e incluso de autoestudio. Es

decir, ¿cómo puede objetivarse la subjetividad, sin dejar de ser mera subjetividad?

Por ejemplo, si pienso que el difunto ya no existe en absoluto; o que está sufriendo por sus

pecados; o que ya no lo volveré a ver jamás; o que mi vida ya no va a ser compartida con él; o

que su muerte fue injusta, etc.

Es decir, una condición anómala que debe ser eliminada por sí misma, en tanto es extraña a la

entidad en que se encuentra.

Como si fuese lo mismo, por ejemplo, que extirpar un mero tumor.

Estamos considerando un caso extremo de lo que llamaríamos "anestesia del sufrimiento", ya

que tales tratamientos producen efectos y resultados muy variables en distintos pacientes.

Entendemos por: a) categoría formal, las estructuras síquicas funcionales particulares de cada

individuo (pensamiento, afectividad, memoria, etc.); b) categoría existencial, los contenidos

experienciales y su relación con el yo vivo (es decir, el carácter síquico específico con que cada

uno se relaciona con la existencia real y eventual).

Entendemos que la mente, más el cerebro, más el sistema nervioso, conforman un circuito de

hecho, pero que el conocimiento de su relación causal se mantiene actualmente en estado de

mera hipótesis. En todo caso, nuestra hipótesis supone para el mismo circuito un dualismo

causal.

Esto es, el universo de lo síquico-mental y de lo espiritual (en todas sus acepciones).

Por ejemplo, en la autodeterminación de los contenidos de la conciencia.

Y no -como debiera- de una ciencia universal de la experiencia.

Con todo, es mucho más difícil sostener la veracidad de una epistemología en la fe, que la de

una ontología en la fe. La fe parece estar más asociada al ser que al saber.

Cf. Gn 3: 1-24; Ro 5: 12-14.

La libertad se compone necesariamente de necesidad (en Dios) y de accidente (no-Dios). Por

ello, el sufrimiento es un accidente innecesario de nuestra libertad, pero nuestra perfección (en

Dios), una necesidad de nuestra libertad.

La comprensión cabal del sentido ontológico de la redención ejercida por Jesucristo en

nuestra naturaleza humana es ciertamente un misterio que escapa a nuestra posibilidad actual de

comprensión y experiencia, puesto que su razón se encuentra en el espíritu mismo de Dios, aún

no realizado por el hombre.

Cf. Albert Schweitzer, El pensamiento de la India, Fondo de Cultura Económica, México,

, p. 46: "Lo importante en el misticismo brahmánico no es tanto la redención respecto de la

miseria de la existencia y la liberación del mundo, como la experiencia de ser exaltado por

encima del mundo en la unión con el brahma."

Cf. Chang Wing Tsit y otros, Filosofía del Oriente, Fondo de Cultura Económica, México,

, p. 46: "En sistemas como el budismo, el hinduismo y el taoísmo, en que el misticismo

ocupa un lugar importante, no se trata del misticismo de comunión, sino más bien del de

identidad, o sea, el de pura unidad con Brahman o Tao."

Cf. Swami Brahmananda, "The Eternal Companion", p. 175, en Swami Akhilananda,

Psicología Hindú, Editorial Paidós, Argentina, 1959, p. 199: "Tratad de fijarla [la mente] una y

otra vez, centrándola sobre el Ideal Elegido y terminaréis absorbiéndoos en Él. Si prolongáis

vuestra práctica durante dos o tres años, comenzaréis a experimentar una dicha inefable y vuestra

mente se tornará firme y constante. Al principio, la práctica del japam y de la meditación parece

árida. Es como tomar un remedio amargo: hay que verter por la fuerza la idea de Dios dentro de

la mente. La perseverancia hará desbordar un torrente de dicha."

Significativos en este sentido son los conceptos junguianos de: inconsciente, inconsciente

colectivo, arquetipo, supraconsciencia, tipo y función de los sueños, etc.

Una de las mayores frustraciones que despierta al sentido común la ciencia contemporánea,

consiste en su mezquina concepción de la maravillosa grandeza de lo específicamente humano.




DOI: http://dx.doi.org/10.11565/arsmed.v29i2.339



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